Cuando un caballo se lesiona, es lógico que toda nuestra atención se dirija hacia la estructura lesionada. Si tenemos una lesión de tendón, pensamos en el tendón. Si el problema está en un menudillo, nos centramos en ese menudillo. Si ha habido una lesión de ligamento, queremos saber cómo está evolucionando ese ligamento. Sin embargo, una buena rehabilitación equina no debería consistir únicamente en conseguir que la estructura lesionada cicatrice. Nuestro objetivo debería ser recuperar al caballo completo y conseguir que vuelva a estar físicamente preparado para aquello que queremos pedirle.

En la práctica me encuentro muchísimos caballos en rehabilitación en los que, cuando hacemos una evaluación completa, aparecen otras cosas que también necesitan trabajo. Y una de las más habituales es un dorso que no está funcionando correctamente. Falta de musculatura, poca estabilidad, dificultad para sostener el tronco, rigidez, asimetrías o cambios que han aparecido durante el periodo de dolor y reducción del ejercicio. Aunque la lesión inicial estuviera en una extremidad, ese dorso también debería formar parte del plan de rehabilitación.

Una lesión nunca afecta únicamente a la estructura lesionada

El cuerpo del caballo funciona como un conjunto. Cuando aparece dolor o una limitación en una extremidad, el caballo modifica inevitablemente su manera de moverse. Puede descargar una extremidad, utilizar más la contralateral, cambiar su postura, modificar cómo utiliza el cuello y el tronco o reducir determinados movimientos. Si esta situación se mantiene durante semanas o meses, esos cambios pueden acabar teniendo consecuencias en otras partes del cuerpo.

A esto tenemos que añadir algo muy importante: durante una rehabilitación normalmente reducimos considerablemente la cantidad y la intensidad del ejercicio. El caballo que antes entrenaba cinco días a la semana puede pasar a hacer únicamente pequeños paseos al paso, tener limitada la salida al paddock o incluso necesitar un periodo inicial de reposo en box. Mientras la estructura lesionada cicatriza, el resto del cuerpo también está cambiando.

Por eso, cuando evaluamos un caballo en rehabilitación, no deberíamos preguntarnos únicamente “¿cómo está la lesión?”, sino también “¿cómo está el caballo después de todo este proceso?”.

El dorso del caballo debería evaluarse en cualquier rehabilitación equina

El dorso es una de las zonas que más me interesa valorar cuando empiezo una rehabilitación, independientemente de dónde esté localizada la lesión original. Su musculatura y su capacidad para estabilizar el tronco están directamente relacionadas con cómo el caballo utiliza el resto de su cuerpo durante el movimiento.

Además, muchas veces el problema de dorso ya existía antes de la lesión. Puede que no fuera lo suficientemente evidente como para llamar la atención, pero eso no significa que no estuviera influyendo en la biomecánica del caballo. Otras veces aparece o empeora como consecuencia del dolor, las compensaciones y el periodo de menor actividad asociado a la lesión.

Por eso es importante observar el dorso desde el principio: su musculatura, su simetría, su postura, su respuesta a la palpación, cómo utiliza el tronco y cómo todo ello va cambiando a medida que avanza la rehabilitación.

Un dorso que no funciona bien puede afectar a la recuperación de la lesión

Aquí está una de las razones por las que no me gusta plantear las rehabilitaciones como una progresión automática de minutos de paso, trote y galope. Podemos conseguir que una ecografía mejore y, aun así, tener un caballo que físicamente todavía no está preparado para volver a trabajar como antes.

Si durante la recuperación el caballo continúa moviéndose con poca estabilidad, falta de fuerza, asimetrías o compensaciones, la distribución de las cargas tampoco será la que buscamos. Y eso puede influir precisamente sobre la estructura que estamos intentando recuperar.

Por tanto, trabajar el dorso no es un añadido que hacemos porque queramos que el caballo esté más bonito o más musculado. Puede formar parte de la propia estrategia para conseguir una recuperación más completa y preparar al caballo para soportar de nuevo las cargas del entrenamiento.

La rehabilitación no termina cuando la lesión está bien

Este es probablemente uno de los conceptos más importantes cuando hablamos de rehabilitación de caballos. Que una estructura haya cicatrizado correctamente no significa necesariamente que el caballo esté rehabilitado.

Imaginemos un caballo que antes de lesionarse podía trabajar 45 minutos, galopar, salir al campo o competir. Después de varios meses de recuperación conseguimos que la estructura lesionada tenga una buena evolución y que el caballo ya no presente dolor. Pero durante ese tiempo ha perdido musculatura, fuerza, estabilidad, coordinación y condición física.

¿Está curada la lesión? Puede que sí.

¿Está recuperado el caballo? Todavía no.

La rehabilitación debería continuar hasta conseguir que el caballo vuelva a tener las capacidades físicas necesarias para afrontar con seguridad su actividad habitual. Y para eso tendremos que trabajar no solo la estructura lesionada, sino también el dorso, la musculatura, la propiocepción, la fuerza, la movilidad, la resistencia y todos aquellos aspectos que hayan podido deteriorarse durante el proceso.

No hace falta esperar a que el caballo pueda trabajar para empezar con el dorso

Una de las ideas que más me interesa transmitir es que trabajar el dorso no significa necesariamente montar, trotar, dar cuerda o realizar ejercicios exigentes. De hecho, podemos empezar a introducir determinados ejercicios desde fases muy tempranas de muchas rehabilitaciones.

Incluso un caballo que tiene muy restringido el movimiento puede realizar, siempre que su lesión y las indicaciones veterinarias lo permitan, determinados ejercicios estáticos o de muy baja demanda. Podemos trabajar algunos ejercicios de control postural, movilizaciones, determinadas activaciones musculares, cambios controlados de peso o ejercicios específicos que busquen mejorar la estabilidad sin necesidad de desplazar al caballo.

Esto nos abre muchas posibilidades porque no tenemos que esperar semanas hasta que pueda trotar para empezar a pensar en el resto de su cuerpo. Podemos empezar a rehabilitar al caballo mientras rehabilitamos su lesión, adaptando siempre los ejercicios a la fase en la que se encuentra.

Incluso el reposo en box puede incluir trabajo de rehabilitación

Hay lesiones en las que, especialmente al principio, el movimiento está muy limitado. Pero movimiento limitado no debería significar automáticamente que no podamos hacer absolutamente nada.

Dependiendo del caso, dentro del propio box podemos introducir ejercicios sencillos y muy controlados dirigidos a mantener movilidad, control corporal y activación de determinados grupos musculares. Más adelante podremos progresar hacia ejercicios al paso, barras, conos, diferentes superficies, propiocepción, cuestas y finalmente trabajos cada vez más próximos a las demandas deportivas habituales del caballo.

La clave está en que exista una progresión individualizada. No todos los ejercicios sirven para todas las lesiones ni todos los caballos deberían introducirlos en el mismo momento. Precisamente por eso necesitamos evaluar al caballo completo antes de decidir qué podemos hacer.

El plan de rehabilitación equina tiene que evolucionar con el caballo

Una buena rehabilitación no debería ser una tabla cerrada en la que cada semana simplemente añadimos cinco minutos de paso o dos minutos de trote. Necesitamos observar qué está ocurriendo con la lesión, pero también cómo está respondiendo físicamente el caballo.

Puede que la estructura lesionada esté evolucionando perfectamente y, sin embargo, el caballo todavía no tenga suficiente fuerza para aumentar determinada carga. Puede ocurrir lo contrario: que muscularmente avance muy bien, pero la lesión necesite más tiempo. También podemos detectar que aparece una compensación, que el dorso cambia, que una determinada zona pierde musculatura o que un ejercicio concreto no está produciendo la respuesta que esperábamos.

Por eso evaluar, observar y reajustar son partes fundamentales de cualquier plan de rehabilitación equina individualizado.

Rehabilitar la lesión o rehabilitar al caballo

Para mí, esa es la gran diferencia. Podemos hacer una rehabilitación centrada exclusivamente en conseguir que desaparezca la lesión o podemos plantear un proceso cuyo objetivo sea recuperar al caballo completo.

Evidentemente, la estructura lesionada va a marcar muchas de las limitaciones, los tiempos y la progresión. Pero alrededor de ella hay un caballo que también está perdiendo o recuperando capacidades físicas. Su dorso, su musculatura, su coordinación, su estabilidad y su condición física deberían evolucionar paralelamente siempre que sea posible.

Y cuanto antes podamos empezar a trabajar de forma segura esas capacidades, menos tendremos que recuperar al final.

Por eso, ante cualquier lesión, además de preguntar cómo está evolucionando la estructura afectada, merece la pena hacerse otra pregunta: ¿qué estamos haciendo durante todo este tiempo para que el resto del caballo también esté preparado cuando llegue el momento de volver a trabajar?

Porque una buena rehabilitación equina no debería terminar simplemente con una lesión recuperada. Debería terminar con un caballo preparado para volver a hacer su trabajo.

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