Cuando llega el verano es habitual que muchos propietarios decidan dar unas semanas de descanso a sus caballos. Después de una temporada de entrenamientos, competiciones o simplemente de una rutina de trabajo constante, parece lógico pensar que unas vacaciones pueden ser beneficiosas. Sin embargo, cuando hablamos de un caballo con artrosis, la respuesta no es tan sencilla. Las vacaciones pueden ser una muy buena idea, pero también pueden convertirse en un problema si se plantean de forma inadecuada.

La principal dificultad es que muchas veces utilizamos la palabra «vacaciones» para describir situaciones completamente diferentes. Para algunas personas significa dejar al caballo suelto en un prado durante unas semanas. Para otras significa dejar de montarlo, pero seguir moviéndolo a diario. Y, en otros casos, implica que el caballo permanezca prácticamente parado durante todo ese tiempo porque el propietario está fuera y nadie puede hacerse cargo de él. Aunque todas esas situaciones reciben el mismo nombre, sus consecuencias sobre un caballo con artrosis son muy distintas.

La artrosis no entiende de vacaciones

La artrosis es una enfermedad degenerativa que afecta a las articulaciones y cuyo manejo depende de muchos factores: el control del dolor, la alimentación, el herraje, el peso del caballo, los tratamientos veterinarios y, por supuesto, el ejercicio. De todos ellos, probablemente el movimiento sea uno de los aspectos más importantes y, al mismo tiempo, uno de los más infravalorados.

Las articulaciones están diseñadas para moverse. El movimiento favorece la lubricación articular, ayuda a mantener la movilidad y permite que la musculatura continúe estabilizando correctamente las diferentes estructuras. Cuando un caballo con artrosis pasa demasiado tiempo parado, es frecuente que aparezca más rigidez y que la vuelta al trabajo resulte mucho más incómoda. Cualquier propietario de un caballo artrósico habrá observado que, en muchos casos, los primeros minutos de movimiento son los peores y que, una vez el caballo entra en calor, empieza a desplazarse con mucha más comodidad.

Precisamente por eso, uno de los mayores errores que podemos cometer es pensar que descansar significa dejar de moverse.

Descansar del trabajo no significa descansar del movimiento

Existe una diferencia muy importante entre reducir la carga de entrenamiento y eliminar completamente la actividad física. Un caballo puede beneficiarse de unas semanas sin realizar sesiones exigentes, sin trabajar determinados ejercicios o incluso sin ser montado. Eso no significa que lo mejor para él sea permanecer inmóvil.

De hecho, en muchos caballos con artrosis ocurre justo lo contrario. Reducir la intensidad del entrenamiento puede ser muy beneficioso, mientras que eliminar el movimiento suele traducirse en una mayor rigidez y en una pérdida de condición física que complicará la vuelta al trabajo.

Por eso, cuando hablamos de vacaciones, creo que la pregunta no debería ser si el caballo va a descansar o no. La pregunta debería ser cómo va a mantenerse activo durante ese periodo.

Un prado puede ser una excelente opción… o no

Con frecuencia se recomienda dejar a los caballos con artrosis unas semanas sueltos en un prado, y en muchos casos me parece una muy buena decisión. Un espacio amplio, con desniveles suaves, otros caballos con los que interactuar y recursos distribuidos en diferentes zonas suele favorecer que el caballo camine muchas horas al día de forma completamente natural. Ese movimiento continuo es muy diferente al que realiza un caballo que pasa gran parte del tiempo parado y solo sale a trabajar una hora.

Sin embargo, conviene no idealizar esta situación. No todos los caballos se mueven igual cuando están sueltos.

Especialmente en caballos mayores o con artrosis avanzada, es relativamente frecuente encontrar animales que pasan gran parte del día quietos. Si tienen agua, comida y sombra muy cerca, pueden recorrer muy poca distancia a lo largo de la jornada. En estos casos, el simple hecho de estar sueltos no garantiza que estén realizando el movimiento que sus articulaciones necesitan.

Por eso, antes de decidir dónde pasará las vacaciones un caballo con artrosis, merece la pena preguntarse no solo dónde va a estar alojado, sino cuánto se va a mover realmente.

¿Y si el caballo va a quedarse en un box?

Esta es, probablemente, la situación que más me preocupa. Si un caballo con artrosis va a permanecer la mayor parte del día en un box y además deja de trabajar durante varias semanas, es muy probable que la rigidez aumente y que la vuelta al entrenamiento resulte bastante más complicada.

En estos casos, siempre que sea posible, intentaría buscar alternativas. Muchas veces no hace falta mantener un entrenamiento completo. Basta con que alguien saque al caballo a caminar, haga paseos de la mano o realice un trabajo muy suave adaptado a sus posibilidades. El objetivo durante esas semanas no es mejorar el rendimiento ni desarrollar la musculatura. El objetivo es evitar que la falta de movimiento empeore una patología que, precisamente, responde mejor cuando el caballo permanece activo.

En muchos casos es mejor bajar la carga que parar por completo

Existe la idea de que todos los caballos necesitan un periodo de descanso absoluto cada cierto tiempo. Sin embargo, cuando hablamos de caballos con artrosis, creo que es mucho más interesante hablar de una reducción de la carga de trabajo que de un parón completo.

Reducir el número de sesiones, disminuir la intensidad, eliminar los ejercicios más exigentes o sustituir parte del trabajo por paseos puede permitir que el caballo descanse sin perder los beneficios que aporta el movimiento diario. Además, la vuelta al entrenamiento suele ser mucho más sencilla que cuando el caballo ha pasado varias semanas prácticamente inmóvil.

Como ocurre en cualquier aspecto relacionado con el entrenamiento, no existe una receta válida para todos los caballos. Habrá animales que toleren perfectamente unas semanas en libertad y otros que necesiten mantener una rutina mínima de trabajo para encontrarse cómodos. Lo importante es entender que las vacaciones también forman parte de la planificación del entrenamiento y que deberían adaptarse al caballo que tenemos delante.

Conclusión

Las vacaciones no son malas para un caballo con artrosis. De hecho, pueden ser muy beneficiosas si permiten reducir la carga de trabajo, favorecer el movimiento libre y dar un respiro tanto al caballo como al propietario. El problema aparece cuando confundimos vacaciones con inmovilidad.

En mi opinión, siempre que sea posible, un caballo con artrosis debería seguir moviéndose todos los días, aunque sea mucho menos de lo habitual. Y si las circunstancias obligan a reducir el trabajo durante un tiempo, normalmente es preferible disminuir la intensidad antes que eliminar completamente la actividad física.

Porque, al igual que ocurre con el entrenamiento, cuando hablamos de artrosis casi nunca existen soluciones extremas. Lo que suele dar mejores resultados es encontrar el equilibrio entre permitir que el caballo descanse y mantener el movimiento que sus articulaciones necesitan para seguir funcionando de la mejor manera posible.

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