En el caballo deportivo, el dorso es el puente biomecánico que transmite la impulsión de la grupa hacia la caña y la mano del jinete. Cuando este sistema falla, aparecen problemas de dorso: rigidez, contracturas, pérdida de amplitud y defensas al ensillar o al pedir reunión. Lo relevante es entender el círculo vicioso: un mal dorso favorece lesiones, y muchas lesiones desencadenan dolor de dorso.

¿Cuántos caballos sufren dolor de dorso?
Las cifras varían según población y método diagnóstico, pero la literatura coincide en que el dolor de dorso en caballos montados es muy frecuente. Una encuesta reciente a veterinarios deportivos resume que hasta el 94 % de los caballos montados pueden presentar dolor de dorso en algún momento de su carrera, especialmente en los de bajo rendimiento aparente.
En estudios de campo, cuando se evalúan caballos con cojeras u otros problemas ortopédicos, la coexistencia es notable: el 32 % de los caballos cojos presentaban problemas de dorso, y el 74 % de los caballos con problema de dorso estaban cojos. Estos datos ilustran la interacción estrecha entre extremidades y columna toracolumbar.
En contraste, trabajos donde se pregunta a propietarios/cuidadoras reportan cifras menores (p. ej., 22 % informaron dolor de dorso), lo que sugiere infradetección cuando no se realiza examen clínico especializado.
¿Por qué un mal dorso produce lesiones?
Un dorso rígido o doloroso altera la cinemática toracolumbosacra, reduce la capacidad de amortiguación y reparte mal las cargas, incrementando el estrés en sacroilíacas, grupa, y en las extremidades (especialmente posteriores). Se ha demostrado que al reducir la cojera con anestesia diagnóstica, mejora el rango de movimiento del dorso, reforzando la relación funcional entre extremidades y columna.
Además, factores externos como monturas mal ajustadas y desequilibrios del binomio contribuyen al dolor de dorso y a lesiones subsiguientes.
…y las lesiones también generan dolor de dorso
La cojera, sobre todo de posterior, induce compensaciones: el caballo protege una región y sobrecarga otra, generando hipertonía muscular paravertebral, rigidez articular y dolor reflejo. Estudios clínicos describen correlaciones fuertes entre dolor a la palpación, hipertonía y disfunción física en caballos con dolor de dorso.
Clave clínica: siempre rehabilitar el dorso
Ante cualquier lesión, no basta con tratar la zona afectada: debemos trabajar el dorso de forma específica para cortar el círculo vicioso. En Equitrainvet integramos:
- Evaluación funcional: palpación sistemática, observación en movimiento, respuesta a la cincha y a la montura.
- Plan de ejercicio terapéutico: activación de estabilizadores, trabajo al paso activo con cambios de terreno, transiciones controladas y ejercicios de propriocepción adaptados.
- Revisión del equipo: ajuste de montura y estribos según morfología y estado muscular del caballo.
- Terapias complementarias (cuando procede): manuales y físicas dentro de un plan multimodal.
Conclusión
El dolor de dorso en caballos es altamente prevalente y está íntimamente ligado a las lesiones musculoesqueléticas. Por eso, tanto si el problema empieza en el dorso como si llega por compensación de una lesión, la rehabilitación del dorso no es opcional: es el eje para recuperar la funcionalidad, el rendimiento y la comodidad del binomio.
