Las recaídas tras una lesión en caballos y el desarrollo de lesiones compensatorias son una de las principales preocupaciones en la rehabilitación equina. El riesgo de que un caballo vuelva a presentar un problema en la misma zona o que aparezca una sobrecarga en otra estructura de soporte es más alto de lo que imaginamos, especialmente si no se aborda de forma adecuada la fase de recuperación.

Según la literatura, la incidencia de lesiones tendinosas o desmopáticas en equinos atletas es elevada: se estima que aproximadamente un 30 % de los purasangre en entrenamiento presentan lesiones del tendón superficial flexor (SDFT). En otro estudio, de 150 caballos deportivos con tendinopatía o desmopatía que siguieron un programa de tratamiento, la tasa de re-lesión fue tan baja como el 18 % a los 24 meses cuando la rehabilitación fue bien dirigida. Por otro lado, en un análisis retrospectivo de 70 caballos de doma olímpica, se observó que el 90 % tenían persistencia o recurrencia de lesiones en la región metacarpiana/metatarsiana (principalmente desmitis del aparato suspensor) en las sucesivas exploraciones. Y cuando un caballo presenta un problema ortopédico, el riesgo de sufrir otra lesión en un período corto es significativamente mayor: por ejemplo, el hallazgo de lameness previa incrementó notablemente el riesgo de una nueva lesión musculoesquelética mayor.
Lo que estos datos revelan es que sin una planificación cuidadosa de la rehabilitación —incluyendo fases de carga controlada, monitorización del tejido, restablecimiento de la biomecánica y retorno progresivo al ejercicio— estamos dejando al caballo con un alto riesgo de recaída o compensación. La lesión inicial produce debilidad o alteración funcional en la estructura lesionada; el caballo puede “esconder” esa debilidad modificando su paso, su apoyo o su equilibrio, y esto conduce a sobrecargas en otras zonas (por ejemplo, sobrecargar la pata contralateral, la caña o los tendones de soporte). Estas sobrecargas son la puerta a nuevas lesiones.
Desde EquitrainVet defendemos que una rehabilitación óptima debe contemplar tres ejes clave: 1) Diagnóstico preciso y valoración funcional de la estructura lesionada, 2) Progresión del ejercicio terapéutico adaptada al tejido en reparación, con tiempos, superficies y cargas controladas, y 3) Evaluación de la biomecánica global del caballo para detectar compensaciones (por ejemplo, rigidez en galope, asimetría en apoyos, etc.). Si estos tres pasos se llevan a cabo correctamente, los datos muestran que la tasa de recaídas puede reducirse de más del 50-60 % a niveles incluso inferiores al 20 %. (como en ese estudio de 150 caballos)
Es importante recordar que no solo hablamos de rehabilitar la lesión visible, sino también de restablecer el equilibrio artromuscular, la propriocepción, la cinética del apoyo y la simetría del movimiento. Sólo de ese modo se evita que el caballo internalice un patrón compensatorio que luego se convierta en lesión. Y esto adquiere especial relevancia en tus casos clínicos: por ejemplo, cuando pasa de rigidez en el galope izquierdo o sobrecarga en cambios hacia la derecha a una lesión secundaria en la caña o en el cuartillo contralateral.
En conclusión: las recaídas y lesiones compensatorias no deben aceptarse como inevitables. Con una estrategia de rehabilitación bien diseñada, individualizada y basada en ejercicios terapéuticos progresivos, la incidencia puede caer de un riesgo alto a un escenario de éxito con retorno seguro al deporte. Si deseas que abordemos en un próximo artículo protocolos específicos de rehabilitación para prevenir compensaciones en tendinitis o desmitis, estaré encantada de prepararlo.
Recuerda que si quieres que te ayudemos con la rehabilitación de tu caballo tenemos servicios online y presenciales para ello, con un acompañamiento cercano y un ajuste individualizado del plan.
